El rescate que paró al mundo
El 23 de junio de 2018, doce chicos de entre 11 y 16 años del equipo de fútbol juvenil Moo Pa (“Jabalíes Salvajes”) y su entrenador de 25 años entraron en la cueva de Tham Luang después de un entrenamiento. Las lluvias monzónicas llegaron antes de lo esperado e inundaron el sistema de galerías en cuestión de horas, bloqueando la salida. Quedaron atrapados a más de 4 kilómetros de la entrada.
Durante los diez primeros días, nadie sabía si estaban vivos. Equipos de buceadores de la Marina tailandesa exploraron las galerías inundadas en condiciones extremas de visibilidad cero. El mundo entero siguió las noticias. El 2 de julio, nueve días después de la desaparición, los buceadores británicos John Volanthen y Rick Stanton los encontraron en un montículo de tierra por encima del nivel del agua, delgados y desorientados pero vivos. La noticia dio la vuelta al planeta en cuestión de minutos.
El rescate que vino después fue una operación de una complejidad técnica sin precedentes. Los buceadores tenían que llevar a cada chico, drogado con anestesia para reducir el pánico, a través de túneles inundados de apenas 40 centímetros de diámetro, en algunos tramos, con corrientes en contra. Participaron más de 10.000 personas de 17 países, entre ellos el buceador español Carlos Garrido, uno de los escasos expertos civiles invitados a unirse al equipo de rescate. El buceador tailandés Saman Gunan murió durante las operaciones cuando se quedó sin oxígeno al volver de depositar botellas en los puntos intermedios. Era voluntario y exmiembro de los Navy SEALs.
Los 13 rescatados salieron sanos y salvos entre el 8 y el 10 de julio, en operaciones de tres días consecutivos. Cuando salió el último chico, espontáneamente, miles de personas que llevaban días esperando en los alrededores estallaron en aplausos.
Maksim Shiriagin / Pexels El memorial hoy: qué hay en Tham Luang
Las instalaciones que rodean la cueva se transformaron en los años siguientes en un complejo memorial y museístico de acceso gratuito. Hoy Tham Luang es uno de los puntos de visita más singulares del norte de Tailandia, no por la espectacularidad del entorno —la zona exterior de la cueva es un parque forestal relativamente ordinario— sino por la carga emocional que lleva.
El museo memorial está ubicado en un edificio moderno junto a la entrada de la cueva. La exposición recorre los 18 días del rescate con fotografías, mapas detallados del sistema de galerías, el equipamiento de buceo utilizado, los objetos personales de los chicos (zapatillas de fútbol, mochilas) encontrados en la cueva, y testimonios en video de los rescatadores y de algunos de los chicos una vez liberados. Los paneles están en tailandés e inglés.
Hay estatuas de tamaño natural de los buceadores tailandeses en la posición de buceo, colocadas junto a la entrada de la cueva como homenaje al equipo de rescate. Junto a ellas, una placa con el nombre de Saman Gunan y el texto: “No perdiste tu vida. La sacrificaste”.
La entrada de la cueva propiamente dicha está accesible, y los visitantes pueden entrar en los primeros cien o doscientos metros del sistema, donde la luz natural todavía alcanza. Más allá de ese punto, el acceso está restringido por razones de seguridad. La cueva tiene un sistema de galerías que se extiende durante kilómetros, y las inundaciones estacionales la hacen peligrosa para el público general durante el monzón. En temporada seca, algunos operadores organizan tours guiados de mayor profundidad, pero la mayor parte del sistema sigue cerrado al público.
El exterior del complejo tiene una zona de aparcamiento amplia, varios puestos de comida y recuerdos, y una estatua del Jefe Saman en el acceso principal.
Una visita diferente a todo lo demás
Tham Luang no es un templo dorado ni una playa de arena blanca. No entra en ninguna categoría habitual del turismo tailandés. Lo que hace que valga la pena ir hasta aquí es más difícil de cuantificar: la posibilidad de estar físicamente en el lugar donde ocurrió algo que conmovió al mundo, de ver la boca de la cueva real, de entender a escala humana la dimensión de lo que sucedió.
Los niños del Moo Pa, ahora ya jóvenes adultos, viven en Chiang Rai. Algunos se dedicaron al fútbol, otros al budismo. El entrenador, Ekapol Chanthawong, que cedió su ración de comida a los chicos durante los nueve días de espera, ingresó temporalmente en un monasterio budista después del rescate como acto de gratitud.
La película Thirteen Lives (Amazon Prime, 2022) y el documental The Rescue (National Geographic) recrean el rescate con detalle si quieres profundizar antes o después de la visita.
Cómo llegar y con qué combinarlo
Tham Luang está a unos 15 km al norte de Mae Sai, el pueblo fronterizo con Myanmar, y a unos 65 km al norte del centro de Chiang Rai. La forma más cómoda de llegar desde Chiang Rai es en taxi o Grab (200-300 THB, 30 minutos). También es posible alquilar una moto desde Mae Sai (a 15 km) o desde Chiang Rai si se tiene experiencia en tráfico tailandés.
La cueva queda muy cerca de la frontera con Myanmar en Mae Sai, lo que la convierte en un punto natural si se está haciendo la ruta del norte de la provincia: Chiang Rai – Triángulo de Oro – Mae Sai – Tham Luang es un recorrido de un día largo pero perfectamente factible. La ruta de 30 días por el norte incluye Chiang Rai con tiempo suficiente para añadir esta visita.