El día que echas de menos un buen jamón

Puedes adaptarte a la comida tailandesa y enamorarte de ella —de hecho, te pasará—, pero llega un momento en que el cuerpo pide jamón, un aceite de oliva como Dios manda o un trozo de queso curado. La buena noticia: en Tailandia, sobre todo en Bangkok, casi todo tiene solución. La menos buena: algunas cosas cuestan un ojo de la cara.

Esta guía complementa la de compras: súper, mercados y centros; aquí vamos directos a lo español: qué encontrarás, dónde, a qué precio y cómo apañártelo sin arruinarte.

La cesta española, producto a producto

No todo cuesta lo mismo ni se encuentra igual de fácil. Este es el panorama realista:

  • Aceite de oliva virgen extra. De lo más fácil de conseguir. Marcas españolas e italianas en cualquier supermercado grande, a precio premium pero asumible. Imprescindible y siempre disponible: que no falte en tu despensa.
  • Jamón y embutido ibérico. Disponible pero caro de verdad: el jamón puede costar 2-3 veces lo de España por aranceles y transporte. Lo encuentras en tiendas gourmet, importadores y la sección de charcutería de los súper premium. Chorizo, lomo y salchichón curados al vacío son más fáciles de transportar y de encontrar.
  • Quesos. Los curados españoles (manchego sobre todo) aparecen en gourmet y premium, caros. Hay mucha más oferta de quesos europeos en general (franceses, italianos).
  • Conservas. Atún, aceitunas, pimientos, legumbres cocidas: relativamente fáciles y no demasiado caras.
  • Legumbres secas. Garbanzos, lentejas y alubias se encuentran (algunas a granel en mercados o en súper indios), aunque las variedades exactas españolas son más raras.
  • Vino. Disponible pero gravado: ver la sección de vino más abajo.
  • Pan de verdad. El punto históricamente flojo, pero mejora cada año con panaderías artesanas en las grandes ciudades.
  • Dulces. Turrón en temporada navideña (en los premium), y poco más; aquí toca tirar de maleta.

Los supermercados, uno por uno

Saber a cuál ir te ahorra vueltas:

  • Villa Market: el más orientado al expatriado, con buena sección de importación europea y producto español. Presente en Bangkok, Phuket y otras zonas turísticas.
  • Gourmet Market y Central Food Hall: premium, dentro de centros comerciales; buena charcutería, quesos y vinos.
  • Tops (y Tops Fine Food): cadena amplia; las versiones “Fine Food” tienen más importación.
  • Foodland: abierto 24 h en muchos sitios, surtido decente y precios algo más contenidos.
  • Makro: formato mayorista (grande), bueno para aceite, quesos y algo de ibéricos a mejor precio si compras cantidad.
  • Rimping (en Chiang Mai): el favorito local para producto importado en el norte.

Para el día a día y entender el ecosistema completo de tiendas, está la guía de compras y supermercados y la de centros comerciales.

El vino español (y por qué cuesta tanto)

El vino merece capítulo aparte porque en Tailandia está fuertemente gravado: durante años, los impuestos sobre el alcohol importado dispararon los precios, aunque rebajas recientes de aranceles (pensadas para impulsar el turismo) lo han abaratado algo. Aun así, una botella española decente cuesta bastante más que en España.

Lo encontrarás en los súper premium y en tiendas especializadas. Si el vino es importante para ti, conviene leer la guía del alcohol en Tailandia, que cubre precios, impuestos y los horarios de venta (hay franjas en las que no se puede comprar alcohol, algo que pilla a todo recién llegado).

Sustitutos locales inteligentes

Parte del secreto es adaptarse en lugar de empeñarse en replicar España a cualquier precio:

  • Marisco y pescado: excelentes y baratísimos. Una buena base para una paella o un arroz caldoso con producto local de primera.
  • Verduras: tomate, pimiento, cebolla, ajo y patata se encuentran sin problema; la base del sofrito está cubierta.
  • Aceite: el de oliva está, así que la cocina mediterránea es perfectamente viable.
  • Lo difícil de sustituir: el jamón, el buen embutido y ciertos quesos. Para eso, capricho ocasional.

Muchos expatriados acaban con una cocina mestiza: técnica española, ingrediente tailandés. Y si quieres aprender a sacarle partido a lo local, hay escuelas de cocina y toda la riqueza de la gastronomía tailandesa.

Cocinar español con lo que hay aquí

La forma más lista (y barata) de saciar la morriña gastronómica no es comprar productos importados carísimos, sino cocinar español con ingredientes locales, y la buena noticia es que se puede más de lo que parece. Muchos clásicos salen estupendos con lo que encuentras a precio de risa: la tortilla de patatas (huevos, patata y cebolla son baratísimos), los arroces y la paella con ese marisco y pescado local de primera, cualquier guiso de sofrito (tomate, pimiento, cebolla, ajo, todo disponible), las lentejas y los garbanzos, o un gazpacho en pleno calor tropical. Con la base mediterránea cubierta, la cocina de casa es perfectamente viable un día cualquiera.

El truco está en tener siempre a mano los ingredientes clave que sí cuesta encontrar y que dan el sabor “español” a los platos: el pimentón (dulce y picante), el azafrán, un buen aceite de oliva y, para cocinar, el chorizo o el embutido que te traigas de España o compres en el importador. Esos son los que conviene stockear, porque sin ellos un guiso “sabe a otra cosa”. Para todo lo demás, adáptate sin complejos: si no hay tal verdura, usa la tailandesa parecida; si el pescado exacto no está, prueba el local equivalente. De ahí nace la famosa cocina mestiza del expatriado —técnica española, despensa tailandesa— que muchos acaban prefiriendo a cualquiera de las dos por separado. Aprender a cocinar con lo que hay, en vez de lamentar lo que falta, es lo que convierte el “no encuentro nada de España” en “como español cuando quiero”.

Trucos para el antojo sin arruinarte

  • Reserva el jamón para ocasiones, no para el día a día.
  • Aprovecha lo local barato: marisco, pescado y fruta tropical están de escándalo y a precio de risa.
  • Tira de la comunidad: en los grupos de la comunidad española se comparten chivatazos de dónde ha llegado producto y a qué precio, e incluso compras conjuntas que abaratan la importación.
  • Compra en cantidad lo no perecedero (aceite, conservas) cuando esté de oferta en Makro.

Importadores, online y compras conjuntas

Más allá de patear los supermercados premium, hay un canal de suministro que mucha gente desaprovecha: el de los importadores especializados y las compras online. Las grandes plataformas tailandesas (Lazada, Shopee) tienen secciones de alimentación importada donde aparecen aceite, conservas, embutido al vacío y otros productos europeos, a veces a mejor precio que en la tienda física y con entrega a casa. Existen además importadores y tiendas gourmet especializados en producto español e italiano que venden online y reparten, ideales para quien no vive cerca de un Villa Market.

La jugada más potente, sin embargo, es la compra conjunta de la comunidad. En los grupos de la comunidad española es habitual organizar pedidos colectivos —una pata de jamón, una caja de vino, un lote de embutido— para repartir entre varios el coste del transporte y la importación, que es justo lo que dispara el precio. Comprar entre diez sale mucho más barato que comprar solo, y de paso conoces gente. Estos grupos son, además, el mejor radar para enterarte de cuándo y dónde ha llegado producto fresco o de oferta, qué importador ha traído qué, y a qué precio. Sumar estos canales —online para lo cómodo, importador para lo específico y compra conjunta para lo caro— a las visitas al supermercado convierte el abastecimiento “a la española” en algo mucho más fácil y económico de lo que parece desde fuera. Quien se mueve por estas vías rara vez se queda sin su capricho, y casi nunca paga el precio de etiqueta del estante premium. Vale la pena tejer esa red de suministro desde que llegas.

Traerlo de España

Cuando vengas de visita o te mudes, la maleta es tu mejor aliada:

Los restaurantes españoles: cuando no quieres cocinar

Más allá del supermercado, en las grandes ciudades existe una pequeña pero real escena de restaurantes españoles y mediterráneos, sobre todo en Bangkok y en las zonas turísticas de Phuket, Samui y Pattaya. Encontrarás bares de tapas, sitios de paella y locales regentados por españoles que importan su propio producto y que, en muchos casos, venden también para llevar: una pata de jamón, una cuña de queso, pan recién hecho o una bolsa de pimentón pueden salir de la cocina de un restaurante amigo más fácilmente que de una estantería de supermercado.

Estos locales cumplen además una función social: son punto de encuentro de la comunidad, donde uno se entera de qué importador ha traído qué, dónde conseguir producto a buen precio o cuándo hay una comida de hermandad. Comer fuera “a la española” de vez en cuando no solo calma el antojo, sino que te conecta con otros españoles, algo que tratamos en la guía de la comunidad española y en la de conocer gente. En Chiang Mai y en ciudades menos turísticas la oferta es más reducida, pero casi siempre hay algún rincón mediterráneo al que recurrir.

Los básicos del día a día que más se echan de menos

Una cosa es el capricho ocasional (el jamón, el vino bueno) y otra los básicos cotidianos que, sin ser un lujo, configuran tu día y que al principio se echan en falta. El más mencionado por los españoles es el pan: históricamente el punto flojo de Tailandia, donde dominaba el pan de molde dulzón, pero que mejora a ojos vistas con la proliferación de panaderías artesanas en las grandes ciudades, donde ya encuentras barra, hogaza y masa madre decentes. El desayuno español —ese café con leche con tostada de aceite o de tomate— es perfectamente reconstruible: pan bueno, tu aceite de oliva de la despensa y un tomate local, y listo.

Otros básicos que conviene localizar: la mantequilla y los lácteos de calidad (hay, en los súper grandes, aunque más caros y con más oferta de marcas internacionales que españolas), el embutido para el desayuno o el bocadillo (el curado al vacío que te traes aguanta sin frío), y el café como te gusta, que en Tailandia, con su escena de especialidad, es más fácil de lo que crees. Reconstruir esos pequeños rituales diarios —el desayuno, la merienda, el bocadillo de media mañana— es lo que de verdad te hace sentir en casa, más que el manjar de fiesta. Y la buena noticia es que, con un poco de mapeo inicial (qué panadería, qué súper, qué importador), casi todos esos básicos están a tu alcance. Una vez montada esa rutina cotidiana a tu gusto, el “echar de menos España” se reduce a los caprichos contados, que es justo como debe ser.

Montar una despensa española de larga duración

Una estrategia que funciona muy bien es pensar la despensa a largo plazo en lugar de comprar a salto de mata. La idea es tener siempre en casa los no perecederos que aguantan meses y que son la base de la cocina española, de modo que solo dependas de las tiendas para los caprichos puntuales.

En esa despensa estable entran el aceite de oliva (cómpralo grande en Makro cuando esté de oferta), las conservas (atún, aceitunas, pimientos, legumbres cocidas), las legumbres secas, el pimentón y otras especias que cuestan encontrar, el arroz apto para paella y, si te lo traes de España, el embutido curado al vacío, que aguanta sin frío y se conserva bien. Con esa base montada, cocinar español en un martes cualquiera deja de ser una expedición y se convierte en algo natural.

La clave es la rotación y la previsión: aprovecha cada viaje a España, cada visita de un familiar y cada compra conjunta de la comunidad para reponer lo que más echas de menos, y reserva el supermercado premium para lo que de verdad no puedes traer o almacenar. Pensar así convierte el “no encuentro nada” en “tengo de todo casi siempre”, que es justo la sensación que buscas.

La actitud que mejor funciona

El secreto de comer bien siendo español en Tailandia no es replicar España a cualquier precio, sino disfrutar lo local (que es buenísimo) y darte el capricho español de vez en cuando. Con el jamón guardado para los días señalados, el aceite de oliva siempre en la despensa y un buen sustituto local para lo demás, no echarás nada de menos. Y cuando llegue la Navidad y aparezca el turrón en el Villa Market, lo celebrarás como un pequeño milagro.

Hay además un fenómeno curioso que casi todos los expatriados acaban viviendo: con el tiempo, el antojo cambia de bando. Al principio echas de menos España a todas horas; pasados unos meses, lo local se vuelve tu normalidad y empiezas a apreciar el jamón precisamente porque es ocasional. Y cuando vuelves a España de visita, te sorprendes echando de menos un buen pad krapao, un mango con arroz glutinoso o el café helado de tu puesto de siempre. La nostalgia gastronómica, al final, se vuelve de ida y vuelta, y eso es señal de que te has adaptado de verdad. Disfrutar de las dos cocinas, cada una en su momento, es probablemente la mejor versión posible de comer siendo español en Tailandia.

Cuánto cuesta el capricho: presupuestar la despensa española

Conviene poner números a esto, porque comer “a la española” en Tailandia tiene un coste real que conviene encajar en el presupuesto sin sorpresas. La clave es que el producto importado arrastra un sobreprecio del doble o el triple respecto a España, por los aranceles y el transporte: el jamón, los quesos curados, el vino y ciertos embutidos están notablemente más caros que en casa. Un consumo intensivo de esa “cesta premium” —jamón a menudo, vino español a diario, quesos importados— puede engordar la factura mensual de la compra de forma apreciable, hasta convertirse en una partida que pesa.

Por eso la estrategia ganadora es la del equilibrio: una base de cocina local y baratísima (marisco, pescado, fruta, verdura, arroz) para el día a día, y el producto español reservado para el capricho ocasional y las ocasiones señaladas. Hecho así, “comer español de vez en cuando” añade poco al presupuesto; empeñarse en replicar la despensa española completa a diario, en cambio, se nota y mucho. Cada uno pone el dial donde quiera según lo que le importe —hay quien no renuncia a su vino y lo asume encantado—, pero conviene hacer las cuentas y decidir con conciencia, no llevarse el susto al final de mes. La buena noticia es que tirar de lo local no es solo lo más barato, sino también lo más sabroso y lo que de verdad significa adaptarse. Para ver cómo encaja todo esto en el gasto total, la calculadora de coste de vida incluye la partida de alimentación, y la guía de coste de vida lo desarrolla. El capricho español, bien dosificado, cabe de sobra en un presupuesto tailandés.

¿Te falta ubicar dónde vives respecto a estas tiendas? Las zonas con más oferta española son Bangkok y, en menor medida, Phuket, Pattaya, Samui y Chiang Mai; compáralas en la sección de dónde vivir.

Preguntas frecuentes

¿Se puede comprar jamón y embutido español en Tailandia?

Sí, sobre todo en Bangkok: hay tiendas gourmet, importadores y supermercados premium (Villa Market, Gourmet Market, Tops Fine Food) con jamón, lomo, chorizo y quesos españoles e italianos. También restaurantes españoles que venden producto. Eso sí, es caro: el jamón importado puede multiplicar por dos o tres el precio de España por los aranceles y el transporte.

¿Dónde encuentro aceite de oliva virgen extra de verdad?

En supermercados grandes (Tops, Villa Market, Gourmet Market, Makro) y tiendas de importación hay aceite de oliva virgen extra español e italiano. Es de lo más fácil de encontrar de la 'cesta española'. Comprueba que sea virgen extra real y no mezcla; las marcas conocidas españolas están presentes, aunque a precio premium.

¿Puedo traer comida de España en la maleta?

Productos envasados, secos y comerciales (aceite, conservas, turrón, embutido curado al vacío, vino dentro de los límites) suelen pasar sin problema. Evita frescos, carne sin procesar o cantidades que parezcan comerciales. Declara si dudas. Para envíos por correo, ojo: la aduana es estricta con alimentos y puede retenerlos.

¿Hay alternativas locales más baratas a los productos españoles?

Sí, y merece la pena adaptarse: el marisco y el pescado son excelentes y baratos, hay buena fruta y verdura, y encuentras sustitutos decentes para muchas cosas. Lo que de verdad cuesta replicar es el jamón, el buen embutido y algunos quesos; para eso, date el capricho de vez en cuando y tira de cocina local el resto del tiempo.

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