Montar una empresa en Tailandia siendo extranjero

Montar un negocio en Tailandia siendo extranjero es posible, pero el sistema está diseñado para proteger el empleo y la propiedad locales, así que funciona con una lógica muy distinta a la española. Antes de lanzarte, conviene entender dos reglas que lo cambian todo: la propiedad mayoritaria tailandesa y el permiso de trabajo. Estas dos piezas condicionan la estructura, los costes y la viabilidad de cualquier proyecto, y desconocerlas es la causa número uno de planes que se estrellan nada más empezar. Esta guía te explica esas reglas, las vías para sortearlas legalmente (incluido el BOI), el proceso de constitución, lo que cuesta de verdad mantener una empresa y, sobre todo, cómo saber si montar una sociedad es lo que realmente necesitas o si hay una opción mucho más sencilla para tu caso. Es orientación general, no asesoramiento legal: para dar el paso necesitas un buen abogado o gestor local.

La regla del 51% tailandés

Una Thai Limited Company estándar debe ser propiedad mayoritaria de tailandeses (mínimo 51%). Como extranjero, normalmente te quedas con el 49%. Hay estructuras para mantener el control real (acciones preferentes, acuerdos), pero usar socios “de paja” (nominees) es ilegal. Y montar la empresa es solo la mitad: hacer negocios con tailandeses tiene sus códigos (jerarquía, kreng jai, no hacer perder la cara), que vemos en etiqueta empresarial tailandesa.

Cómo mantener el control con solo el 49%

Que la mayoría del capital sea tailandesa no significa, necesariamente, perder el control de tu negocio, y aquí está la clave de hacerlo bien y legalmente. Existen mecanismos perfectamente lícitos para que un extranjero con el 49% dirija la empresa: emitir acciones preferentes con voto ponderado (de modo que tus acciones valgan más votos que las ordinarias), ser el único administrador con poderes de gestión, o firmar acuerdos de socios que reserven decisiones clave. Estas estructuras, diseñadas por un buen abogado, te dan el mando real sin recurrir a la ilegalidad. La línea roja, que no debes cruzar bajo ningún concepto, son los socios “de paja” (nominees): tailandeses que figuran como dueños del 51% pero que ni aportan capital ni participan de verdad, y existen solo para sortear la ley. Es ilegal según la Ley de Negocios Extranjeros y el Código de Tierras, las autoridades han hecho inspecciones para detectarlo, y las consecuencias van de la disolución de la empresa a sanciones penales. La diferencia entre una estructura de control legítima y un montaje de nominees es enorme, y es justo donde un asesor serio gana su sueldo.

La excepción: el BOI

Si tu negocio encaja en sectores que Tailandia quiere promover (tecnología, exportación, I+D, fabricación avanzada, servicios digitales…), el BOI (Board of Investment) cambia las reglas a tu favor. Es la agencia estatal de promoción de inversiones, y a las empresas que aprueba les concede ventajas de peso: 100% de propiedad extranjera (adiós a la regla del 51%), incentivos fiscales (exenciones de impuesto de sociedades durante años, en ciertos casos), facilidades para importar maquinaria y, muy importante, un proceso mucho más ágil para obtener visados y permisos de trabajo para el equipo extranjero, relajando incluso la ratio de empleados tailandeses. A cambio, exige un proyecto serio, un plan de negocio sólido y cumplir las condiciones de la actividad promovida. Es la vía premium para el emprendedor con un proyecto ambicioso, y la misma puerta que abre visados de élite como la LTR Highly-Skilled o la Smart Visa. Si tu idea encaja, vale mucho la pena explorarla antes que la Thai Limited Company estándar.

Más allá de la Thai Limited: otras estructuras

La Thai Limited Company es la estructura por defecto y la que usa la inmensa mayoría de emprendedores extranjeros, pero conviene saber que no es la única, por si tu caso encaja mejor en otra. Si lo que tienes es una empresa extranjera que quiere operar en Tailandia sin crear una sociedad local independiente, existen figuras como la sucursal (Branch Office) —que puede facturar pero está limitada a la actividad de la matriz y tiene sus propios requisitos de capital— y la oficina de representación (Representative Office), pensada solo para tareas no comerciales (estudios de mercado, control de calidad, enlace), que no puede generar ingresos en el país. Son vías para multinacionales o empresas que se internacionalizan, más que para el emprendedor individual.

También existen las sociedades de personas (partnerships), menos habituales para extranjeros, y, por encima de todo, las dos grandes excepciones a la regla del 51% que ya hemos visto: el BOI (para actividades promovidas) y los tratados internacionales. Aquí un apunte importante para el español: el famoso Tratado de Amistad EE. UU.-Tailandia, que permite a los estadounidenses tener empresas con plena propiedad, no aplica a los españoles ni a otros europeos, así que no cuentes con él. Para la mayoría de proyectos de un emprendedor español, la elección real se reduce a Thai Limited estándar (con estructura de control legítima) o BOI (si la actividad califica). Conocer el abanico completo, eso sí, te permite plantearle a tu asesor la pregunta correcta —“¿cuál es el vehículo óptimo para lo que quiero hacer?”— en lugar de dar por hecho que solo hay un camino.

¿Te compensa de verdad montar empresa?

Antes de lanzarte, conviene responderse con honestidad a tres preguntas, porque montar empresa en Tailandia es una decisión seria, no un trámite. La primera: ¿tu negocio genera ingresos reales en o desde Tailandia? Si vas a facturar a clientes o a operar localmente, la empresa puede tener todo el sentido. La segunda: ¿tu actividad encaja en el BOI? Si es así, el panorama mejora radicalmente y deberías priorizar esa vía. Y la tercera, la más importante: ¿no será que en realidad solo quieres un visado para trabajar en remoto para clientes de fuera? Porque si la respuesta es esa, montar una empresa —con sus 2 millones de capital, sus cuatro empleados tailandeses, tu salario obligatorio y la auditoría anual— es usar un mazo para cascar una nuez. Para ese caso, la DTV o la LTR Remote Worker son infinitamente más sencillas y baratas. La empresa solo compensa cuando hay un negocio de verdad detrás; en cualquier otro caso, casi siempre hay una opción mejor. Pensarlo bien antes de gastar te ahorra una estructura cara que no necesitas.

El permiso de trabajo (no lo olvides)

Tener una empresa no te autoriza a trabajar en ella: necesitas un Work Permit, que va ligado a la visa Non-B. Y para que la empresa pueda patrocinar a cada extranjero debe cumplir, a la vez, estas condiciones:

RequisitoCifra (por cada extranjero)
Capital social desembolsado2 millones THB (máx. 10 extranjeros)
Empleados tailandeses4 tailandeses por cada extranjero
RegistroEmpresa dada de alta en Seguridad Social (SSO) y VAT

El salario mínimo del extranjero (¡y depende de tu pasaporte!)

El dato que sorprende a casi todos: el Estado fija un salario mínimo que la empresa debe pagarte según tu nacionalidad, y ese salario es la base sobre la que te calculan el IRPF tailandés. Para españoles (y resto de Europa occidental, EE. UU., Canadá, Australia, Japón) es de:

💰 50.000 THB al mes (~1.300 €) — mínimo de salario para conceder/renovar el Work Permit a un español.

A modo de comparación: Corea del Sur, Singapur, Taiwán y Hong Kong están en 45.000 THB; gran parte de Latinoamérica y Europa del Este, en 35.000 THB. Es un mínimo legal, no lo que “te conviene” cobrar: condiciona impuestos y cotización.

⚠️ Suma todo: 2M THB de capital + 4 empleados tailandeses + pagarte 50.000 THB/mes + altas en SSO y VAT, todo por un solo extranjero. Por eso montar empresa solo compensa con un negocio real con ingresos; para trabajar para clientes de fuera, casi siempre es mejor la DTV o el BOI.

El proceso de constitución, paso a paso

Constituir una Thai Limited Company sigue un camino relativamente estandarizado, aunque conviene hacerlo de la mano de un gestor. A grandes rasgos: primero se reserva el nombre de la empresa en el Departamento de Desarrollo de Negocios (DBD); luego se redacta y presenta el acta de constitución (Memorandum of Association) con el objeto social, el capital y los socios (hoy basta con dos accionistas, tras la reforma que rebajó el mínimo de tres); se celebra la reunión constitutiva y se registra la sociedad en el DBD; y finalmente se obtiene el número de identificación fiscal, se registra el IVA (VAT) si procede y se da de alta la empresa en la Seguridad Social (SSO). El proceso, con la documentación en orden, puede completarse en cuestión de semanas. No es especialmente complejo en sí mismo, pero cada paso tiene sus matices (capital declarado, objeto social bien definido, domicilio), y un error de base se paga caro después, así que la inversión en un buen profesional desde el principio merece la pena.

El gestor o abogado: la decisión que más importa

Si solo aciertas en una cosa al montar empresa en Tailandia, que sea en elegir bien al profesional que te lleva el proceso, porque de él depende casi todo lo demás. No es un trámite que convenga hacer por tu cuenta ni con el bufete más barato que encuentres: necesitas un abogado o gestor con buena reputación, idealmente recomendado por otros emprendedores de confianza, que entienda tu sector y que te plantee una estructura legal y a tu medida. Una primera señal de alarma muy clara: huye de cualquiera que, con ligereza, te ofrezca montar la empresa a base de nominees (“ponemos unos tailandeses de paja y listo”), porque eso es justo lo ilegal que puede costarte el negocio entero. Un profesional serio te explicará las estructuras de control legítimas y te disuadirá de los atajos.

Un buen asesor se encarga de mucho más que la constitución: lleva la contabilidad y las auditorías, gestiona el work permit y el visado, te mantiene al día de las obligaciones fiscales y laborales, y te avisa de los cambios normativos. Es una relación a largo plazo, así que prioriza la confianza y la transparencia sobre el precio: pagar algo más por alguien que hace las cosas bien es de las mejores inversiones del proyecto, porque un error de base —un objeto social mal definido, una estructura frágil, una declaración mal hecha— se paga carísimo después. Pide referencias, compara dos o tres despachos, exige que te expliquen cada paso en un idioma que entiendas y desconfía de las promesas demasiado fáciles. En un sistema con tantas reglas como el tailandés, tener al lado a un profesional competente y honrado no es un gasto: es la diferencia entre un negocio sólido y un campo de minas.

Los costes y obligaciones recurrentes

Un error habitual es pensar solo en el coste de montar la empresa y olvidar el de mantenerla, que es continuo. Toda sociedad tailandesa está obligada a llevar una contabilidad formal, presentar declaraciones periódicas y, muy importante, someter sus cuentas a una auditoría anual firmada por un auditor titulado, algo obligatorio para todas las empresas sin excepción. A eso se suman las cotizaciones a la Seguridad Social de los empleados, las declaraciones de IVA y de retenciones, y los honorarios mensuales de tu gestor o asesoría. En conjunto, mantener una empresa “viva” conlleva un gasto fijo mensual que hay que presupuestar desde el día uno. No es prohibitivo, pero convierte a la empresa en una herramienta que solo tiene sentido si genera ingresos reales que justifiquen toda esa estructura. Montar una sociedad “por si acaso” o solo para conseguir un visado es una carga que rara vez compensa, como también advertimos en la guía de empresas umbrella.

El día a día de tener la empresa

Una vez constituida, la empresa entra en un ritmo de obligaciones continuo que conviene conocer para no llevarte sorpresas. Lo primero que harás es abrir una cuenta bancaria corporativa, un trámite con sus propios requisitos (documentación de la sociedad, presencia de los administradores) que tu gestor te ayuda a resolver. A partir de ahí, arranca la maquinaria mensual de cumplimiento: llevar la contabilidad en regla, presentar las declaraciones de retenciones (withholding tax) y de IVA, ingresar las cotizaciones a la Seguridad Social de los empleados, y gestionar la nómina (incluida la tuya, con su salario mínimo obligatorio). Casi todo esto se externaliza a tu asesoría, que por una cuota mensual mantiene la empresa al día.

A lo largo del año hay además hitos ineludibles: la auditoría anual de las cuentas firmada por un auditor titulado (obligatoria para toda sociedad), la junta general de accionistas y la presentación de las cuentas en el registro. Conviene también custodiar bien la documentación corporativa —el sello de la empresa, los estatutos, los libros— porque te la pedirán para infinidad de gestiones. Nada de esto es especialmente difícil con un buen gestor detrás, pero sí es trabajo constante que no se detiene aunque el negocio vaya flojo: una empresa “dormida” sigue generando obligaciones y costes. Por eso conviene tener claro desde el principio que montar la sociedad es solo el comienzo, y que mantenerla viva y en regla exige dedicación y un gasto fijo mes a mes. Quien lo asume e integra en su operativa lleva la empresa sin sobresaltos; quien lo ignora se encuentra con multas, recargos y sustos administrativos que se podrían haber evitado con un poco de orden.

”Autónomo” como en España: no existe

Esta es la sorpresa para muchos: en Tailandia no hay una figura de autónomo/freelance que te deje facturar localmente con facilidad. Si trabajas por tu cuenta para clientes de fuera, lo tuyo no es montar empresa, sino la DTV o la LTR Remote Worker — ver trabajar en remoto desde Tailandia.

¿Y el sueño del barecito? Tiene su propia guía (y su propia advertencia): montar un bar o restaurante en Tailandia.

Comprar un negocio hecho: tentador, pero ojo

Una alternativa a constituir desde cero que muchos se plantean es comprar un negocio ya en marcha —un bar, un restaurante, una guesthouse, una tienda— que aparece “traspasado” o “en venta llave en mano”. Es tentador porque parece ahorrarte el papeleo y te entrega algo que ya funciona, pero está lleno de trampas que conviene conocer antes de soltar un baht. La primera: al comprar la sociedad, heredas también sus deudas y sus problemas, incluidas posibles estructuras de nominees ilegales, impuestos atrasados o líos laborales que no ves a simple vista. La segunda: las valoraciones suelen estar infladas, sobre todo en los negocios que se venden una y otra vez a extranjeros recién llegados (el “bar en la playa” es el ejemplo clásico).

Por eso, si te planteas comprar, la palabra clave es diligencia debida: un abogado independiente (no el del vendedor) que revise a fondo la sociedad, sus cuentas, sus deudas, la titularidad real, el contrato de alquiler del local (¿se puede transferir? ¿cuánto queda?) y las licencias necesarias para operar. Nunca des por buena la palabra del vendedor ni pagues por adelantado sin verificar. En muchos casos, tras analizarlo con frialdad, sale más a cuenta montar de cero con una estructura limpia, o directamente alquilar y probar antes de comprar nada. Comprar un negocio en Tailandia puede ser una buena jugada si lo haces con rigor y asesoría seria; hecho a la ligera, con prisa y enamorado de la idea, es una de las formas más rápidas de perder los ahorros de toda una vida. La ilusión del traspaso fácil es justo lo que explota a tantos recién llegados, así que entra con la cabeza fría y el bolsillo protegido.

Fiscalidad

Una empresa tailandesa tributa por el impuesto de sociedades, y tú por tu salario vía IRPF tailandés. Planifica también tu residencia fiscal.

Montar empresa en Tailandia exige un buen abogado/gestor local. Esto es orientación, no asesoramiento legal. Y aparte de los costes de la empresa, no olvides tu presupuesto personal: cuánto necesitas para vivir bien el día a día es lo que te dice la calculadora de coste de vida.

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